jueves, 20 de diciembre de 2007

Lapices mecanicos

Como si un simple trazo cambiara las cosas.
Pareciera que fluye por mis venas, cada palabra, transita por lo largo de mis extremidades y las tatúo en las teclas de esta computadora que pareciera ser la burla de mi esencia.
Sus computadora y mis infinitas preguntas que casi no logro comprender porque no alcanzo a tener respuesta.
¿Quién iba a decir que una pregunta cambiaría el mundo?
Así comenzó la historia de la humanidad, y sus primeras palabras, el hombre se pregunta de manera constante cada movimiento. Es difícil llegar a comprender a simple vista la intención.
Absurdo para muchos, absorto para mi cabeza inmóvil, mis manos ansiosas, mi cuerpo lleno de emociones latentes esperando ser rescatadas, observadas, que un impulso logre sacudirlas, que la intención logre avistarlas.
Quisiera conocer la manera de descifrar las palabras con un simple movimiento. El método de observación no sacia mi sed ni responde mis preguntas.
La necesidad de crecer te llena de preguntas. Pasamos la vida cuestionando el accionar de la sociedad y rara vez nos reflejamos, y no proyectamos porque tememos. Las preguntas te revelan una realidad que no conoces, el desconocimiento te lleva hacia otra…y otra más…¿Y quién esta preparado para entender tanto?
Todas las respuestas están fuera de mi, en un objeto, en la calle, en la esencia de las otras personas. ¿Y qué hacer cuando el miedo censura a la gente? ¿Qué hacer cuando los demás te limitan hasta en la manera de sentir?
Uno puede proponerse ser fuerte y arrasar con el camino con la mejor voluntad y fortaleza pero el miedo que paraliza a los otros es el mismo que te pone los palos en la rueda para que no lo logres.
Busco respuestas y sólo encuentro enojo; busco intención y sólo encuentro desinterés, busco un sentimiento oculto y sólo recibo indiferencia; busco una caricia y no hay más que vació, busco un abrazo, sólo encuentro espaldas. Mis planteos son dagas y mi silencio es su paz.
Eso es lo que no puedo darles y ellos no pueden darme ni una palabra.
¿Que hacer entonces?

Si...


Dice Sabina, “A mis cuarenta y diez, cuarenta y nueve dicen que aparento…”
Es el intento constante de la imbecilidad humana de quitarse años. No digo que hay que aceptar la inevitable llegada de la vejez, sino aceptar que el paso del tiempo, es justamente eso…vivir, independientemente de ello.
Estas plantada frente a vos misma con 50 años en tu haber y hubieron muchas cosas que te dan la pauta de haberlos merecido. No sólo la gracia de estar transitando por este mundo, sucede que es el pase de salida a la muerte, y sin la promesa de morir alguna vez no viviríamos nunca. Creer o no en Dios, ese algo nos dio la vida. La naturaleza responde al estimulo de las ganas de estar vivos, aun cuando hallamos deseado no estarlo muchas veces. Cada día es un maldito esfuerzo espiritual pero también una enseñanza divina. A la espera de algo nuevo que nos de un aliento placentero para cargar la mochila de ganas...y termino hablando de mochilas cada vez…trato de evitarlo y no puedo.
Me cuestiono a veces si pude dejar atrás estos males que flotan a mi alrededor, soy el efecto, la consecuencia de muchos hechos que pude haber evitado y sin embargo no me reprocho absolutamente nada. Ame, ame con locura y sin medida, a cada persona que se merecía mi corazón, fui amada y cuando deje de sentirlo levante mi carpa y segui por otro camino. Lo que hace mal no me sirve, lo que me hace mal lo deshecho. Aprendí en 30 años mas de lo que hubiera imaginado. Estoy en busca de un camino espiritual para el cual no pensé jamas estar preparada y me quería condenar a un laboratorio químico para analizar la anatomía humana, cuando estaba escrito que debía encontrar mi propio espíritu.
Libros, apuntes, noches de mates incansables, lapiceras, hojas, calculadoras, números, números, números que sólo cuentan la cantidad de años que tengo y tal vez algo que compre para cubrir las carencias de la infancia, pero la paz no pone precio. Me di cuenta que he vivido buscando algo que no logre alcanzar y en un viaja hacia adentro, como aquel que escribí alguna vez, ya no estaba ni Daniel ni aquel amor de adolescente, ni mis padres, ni hermanos…estaba escondida en un rincón, detrás de todos ellos. Y al fin me vi…acurrucada y temerosa, esperando que algo me rescate de mi misma. Y me mire a los ojos y me dije que no sufriría mas de lo que mi alma puediera soportar, y me di la izquierda del corazón y la derecha del timón que me llevo a navegar de regreso al puerto donde quede anclada. Y al fin comencé mi camino.




MD
No creas que me caigo a cada paso, es el centro de gravedad que me absorve.