Inmersos en un mar de almas que no saben hacia donde van, perdidos en un sin fin de preguntas que no pueden, ni quieren responder. No hay interés, y de tan simple lo rechazan. Los seres simples son los mas difíciles de comprender.
Despiertas una mañana y ya no sos el mismo, no olvidas desperezarte largamente, tomas el tiempo necesario para abrir los ojos y finalmente lo logras, sigiloso en la oscuridad de tu jungla humana, el primer mate que resuena entre sahumerios y el latido de tu corazón que baila al ritmo de un profundo suspiro.
Ves por la ventana de esa jaula que nos atrapo a todos, la gran ciudad, a lo que yo llamo “Jungla de cemento”. Me gusta asociar esta palabra a la mayoría de las cosas que me producen rechazo. La gente insensata es una especie, el hombre de ciudad es otra, la cibernética es algo más que una gran sociedad de chips humanoides. Me rodeo a diario de la biología envasada, envuelta en pieles sintéticas, y si logro tocarlos apenas reaccionan. ¿Qué más puedo pedir?
Las personas rara vez se toman el tiempo de estrecharse y de decir lo que sienten. Sin mencionar el hecho de ir por la calle y que nadie sabe hacia donde va, pero anda, caminando…corrijo…corriendo. Prisa y más de prisa se pasa la vida. Un buen día despertaste y no te viste más al espejo, ni te miraste más a los ojos. Hablo de mirarte a vos mismo y reconocerte a través de un vidrio. No espero que me miren a los ojos.
Camino por la calle con las primeras luces del día en la desolación de la histérica avenida. Alguien espera que pase cada mañana antes de entrar al trabajo. Me invaden melancolía y respeto, comparables con la imagen del anciano que recurre a su bastón para mantenerse estable. Palomas. Si toda esta jungla no estuviese, ellas estarían viajando de un lado al otro, dueñas de todo el espacio que nos rodea.
El ser humano es el rey de esta jungla. Se construye y destruye a diario. No pide permiso, se lo da; no ofrece disculpas, se siente merecedor de ellas; no da las gracias, siente el derecho; no dice buen día porque no se da cuenta si lo es. Va de prisa, sin mirar. No camina, pisa, no respeta. No valora, le pone precio; no demuestra amor, sólo lo exige ocasionalmente; no brinda ayuda, se quita la culpa. El hombre de ciudad no es humano, es un ser viviente que late de manera inerte. Un cuerpo que se despierta con una maquina a baterías, que prepara el desayuno con una máquina más, que viaja sin prestar atención a las otras personas. El hombre de ciudad es biología envasada.
En la búsqueda de mi ser interno, logre desterrar este envase. Mi presente sólo quiere dejar fluir energía en estado puro. Disfrutar, las angustias y la felicidad, porque somos la suma de miles de pesares y de alegrías, tan volátiles como nuestra mente lo permite.
Las personas nos transitan, cierran y abren puertas en nuestra vida, son pasajeras y por ello necesitamos estar en común unión con nosotros mismos.
El espíritu de la desilusión trabaja de manera constante y no se cansa. Las personas que nos nutren pueden no estar todo el tiempo pero si a tiempo y ese es el tesoro que debemos cuidar. La sonrisa de un desconocido en el momento justo nos anima para seguir avanzando y se vuelve eco en nuestra cabeza.
Esta mañana los ojos de un bebe se cruzaron con los míos y me sonrió y agito se pequeña mano y sonreímos juntos. Es parte de la sociedad que aún no esta contaminada y de nosotros depende el contagio. Hay que contagiar, transmitir, dar lo mejor que podemos a cada momento. Dejar salir la buena energía, las buenas intenciones y compartir los buenos pensamientos. En esta jungla se sobrevive por contagio, lo bueno y lo malo siempre es por contagio. Mi única enfermedad es sentir que me recorre el virus de la lucha constante contra la infamia del mundo en el que vivimos y contra el desecho de la gente que no vale la pena. Enferma de vida...diagnosticaron los entendidos. Y decir TE QUIERO a quien se lo merezca y sin vergüenza es uno de los síntomas. Decirlo, es la cura, porque estamos de paso y el amor no se sobreentiende, se siente y hay que demostrarlo. Ocuparse del otro.
TE QUIERO! Y prefiero pecar con tanta efusividad a callar y despedirme sin conocer lo que ello pueda ocasionar.
Ese es mi propósito, dejar huella, donde quiera que camine, con quién sea que me habite, y que los demás me dejen algo mas que su tiempo. Es pura felicidad biológica, una fiesta de vida y hay tanta gente que lo necesita y tanta otra que no se da cuenta…Tanto movimiento en descomposición me deja mucha tristeza.
Confieso que a veces siento soledad. No muchos están preparados para comprender a quienes pensamos de esta manera, lo sé, pero se vive en calma. La gente choca contra otra en las veredas porque corren a ritmos diferentes y lo veo como una película; esto me da la pauta de que voy por el camino correcto. Me reconforta saber que estoy prolongando años de vida. Saber que existe alguien como vos que me sigue pese a esa gran masa que aún no tiene el valor de intentar el desafió.
Mirarse, reconocerse, saberse y sentirse diferente del resto es algo que te aisla pero que nutre a la vez.
Quién desconoce se asusta de nosotros y arrastran ese fatídico pensamiento de que estamos enfermos, que necesitamos apoyo o que vamos errantes por el camino, y es sólo una forma más de negar la cruel realidad de la vida acelerada y agena en la que están inmersos. Construyen la vida que los demás esperan y quieren para ellos. Alguna vez también lo hice.
Ser uno mismo tiene sus limitaciones, me dijo un amigo, y que alguien lo comprenda es sólo un detalle. Lo siento en el pecho y se que se acerca una cuarentena, donde quién se encuentre perdido va a tratar de vivir mas plenamente. Y ahí vamos a estar para ayudar para hacerlo posible.
Dije alguna vez:
“Todos estamos invitados pero pocos tenemos el valor de pertenecer”
MD
Despiertas una mañana y ya no sos el mismo, no olvidas desperezarte largamente, tomas el tiempo necesario para abrir los ojos y finalmente lo logras, sigiloso en la oscuridad de tu jungla humana, el primer mate que resuena entre sahumerios y el latido de tu corazón que baila al ritmo de un profundo suspiro.
Ves por la ventana de esa jaula que nos atrapo a todos, la gran ciudad, a lo que yo llamo “Jungla de cemento”. Me gusta asociar esta palabra a la mayoría de las cosas que me producen rechazo. La gente insensata es una especie, el hombre de ciudad es otra, la cibernética es algo más que una gran sociedad de chips humanoides. Me rodeo a diario de la biología envasada, envuelta en pieles sintéticas, y si logro tocarlos apenas reaccionan. ¿Qué más puedo pedir?
Las personas rara vez se toman el tiempo de estrecharse y de decir lo que sienten. Sin mencionar el hecho de ir por la calle y que nadie sabe hacia donde va, pero anda, caminando…corrijo…corriendo. Prisa y más de prisa se pasa la vida. Un buen día despertaste y no te viste más al espejo, ni te miraste más a los ojos. Hablo de mirarte a vos mismo y reconocerte a través de un vidrio. No espero que me miren a los ojos.
Camino por la calle con las primeras luces del día en la desolación de la histérica avenida. Alguien espera que pase cada mañana antes de entrar al trabajo. Me invaden melancolía y respeto, comparables con la imagen del anciano que recurre a su bastón para mantenerse estable. Palomas. Si toda esta jungla no estuviese, ellas estarían viajando de un lado al otro, dueñas de todo el espacio que nos rodea.
El ser humano es el rey de esta jungla. Se construye y destruye a diario. No pide permiso, se lo da; no ofrece disculpas, se siente merecedor de ellas; no da las gracias, siente el derecho; no dice buen día porque no se da cuenta si lo es. Va de prisa, sin mirar. No camina, pisa, no respeta. No valora, le pone precio; no demuestra amor, sólo lo exige ocasionalmente; no brinda ayuda, se quita la culpa. El hombre de ciudad no es humano, es un ser viviente que late de manera inerte. Un cuerpo que se despierta con una maquina a baterías, que prepara el desayuno con una máquina más, que viaja sin prestar atención a las otras personas. El hombre de ciudad es biología envasada.
En la búsqueda de mi ser interno, logre desterrar este envase. Mi presente sólo quiere dejar fluir energía en estado puro. Disfrutar, las angustias y la felicidad, porque somos la suma de miles de pesares y de alegrías, tan volátiles como nuestra mente lo permite.
Las personas nos transitan, cierran y abren puertas en nuestra vida, son pasajeras y por ello necesitamos estar en común unión con nosotros mismos.
El espíritu de la desilusión trabaja de manera constante y no se cansa. Las personas que nos nutren pueden no estar todo el tiempo pero si a tiempo y ese es el tesoro que debemos cuidar. La sonrisa de un desconocido en el momento justo nos anima para seguir avanzando y se vuelve eco en nuestra cabeza.
Esta mañana los ojos de un bebe se cruzaron con los míos y me sonrió y agito se pequeña mano y sonreímos juntos. Es parte de la sociedad que aún no esta contaminada y de nosotros depende el contagio. Hay que contagiar, transmitir, dar lo mejor que podemos a cada momento. Dejar salir la buena energía, las buenas intenciones y compartir los buenos pensamientos. En esta jungla se sobrevive por contagio, lo bueno y lo malo siempre es por contagio. Mi única enfermedad es sentir que me recorre el virus de la lucha constante contra la infamia del mundo en el que vivimos y contra el desecho de la gente que no vale la pena. Enferma de vida...diagnosticaron los entendidos. Y decir TE QUIERO a quien se lo merezca y sin vergüenza es uno de los síntomas. Decirlo, es la cura, porque estamos de paso y el amor no se sobreentiende, se siente y hay que demostrarlo. Ocuparse del otro.
TE QUIERO! Y prefiero pecar con tanta efusividad a callar y despedirme sin conocer lo que ello pueda ocasionar.
Ese es mi propósito, dejar huella, donde quiera que camine, con quién sea que me habite, y que los demás me dejen algo mas que su tiempo. Es pura felicidad biológica, una fiesta de vida y hay tanta gente que lo necesita y tanta otra que no se da cuenta…Tanto movimiento en descomposición me deja mucha tristeza.
Confieso que a veces siento soledad. No muchos están preparados para comprender a quienes pensamos de esta manera, lo sé, pero se vive en calma. La gente choca contra otra en las veredas porque corren a ritmos diferentes y lo veo como una película; esto me da la pauta de que voy por el camino correcto. Me reconforta saber que estoy prolongando años de vida. Saber que existe alguien como vos que me sigue pese a esa gran masa que aún no tiene el valor de intentar el desafió.
Mirarse, reconocerse, saberse y sentirse diferente del resto es algo que te aisla pero que nutre a la vez.
Quién desconoce se asusta de nosotros y arrastran ese fatídico pensamiento de que estamos enfermos, que necesitamos apoyo o que vamos errantes por el camino, y es sólo una forma más de negar la cruel realidad de la vida acelerada y agena en la que están inmersos. Construyen la vida que los demás esperan y quieren para ellos. Alguna vez también lo hice.
Ser uno mismo tiene sus limitaciones, me dijo un amigo, y que alguien lo comprenda es sólo un detalle. Lo siento en el pecho y se que se acerca una cuarentena, donde quién se encuentre perdido va a tratar de vivir mas plenamente. Y ahí vamos a estar para ayudar para hacerlo posible.
Dije alguna vez:
“Todos estamos invitados pero pocos tenemos el valor de pertenecer”
MD
