viernes, 18 de julio de 2008

El primer dia del resto de mi vida

Recuerdo la primera vez que me puse un arnés. Estaba en Córdoba de vacaciones y tuve mi primer contacto con una pared y mi adrenalina a flor de piel para trepar escasos 5 metros de piedra artificial. A partir de ese día mi fanatismo por la escalada fue tàl...y al mudarme a mi primer departamento el destino no pudo dejar escapar el detalle de descubrir en la casa contigua un club de palestra, con una enorme planta de laurel que daba el nombre al lugar, cartel que dejaba verse místicamente colgado en la puerta de entrada.
El camino siguió y en un curso de Turismo Alternativo conocí a un instructor de escalada, Andrés...Otra causalidad hizo que las clases que el dictaba fueran al lado de mi casa. Pasamos el verano completo del año 2003 entrenando largas cuatro horas, tres veces por semana con el grupo. Era curioso sentirme parte, porque durante mucho tiempo observe con los pies colgados sentada en mi balcón cuando escalaban a diario, competencias de infantiles, mayores, aplausos y entregas de trofeos en fin de año...Fotografiaba mientras tomaba mates. Observaba la destreza de esas personas que veía tan diferentes a mi...porque se animaban a hacer algo que yo moría por intentar y mi timidez y temor no me lo permitían.
El gran momento fue en Tandil. Fuimos a escalar con el grupo. Nos recibio un dìa extremadamente tormentoso, mucha agua nos regalo la Pacha Mama, esa noche usamos de refugio, cocina, lavadero, vestuario, dormi... el quincho principal del lugar y todos buscamos calor rodeando la salamandra que nos dejaba cocinar, secar la ropa, secarnos el cuerpo... Al día siguiente, luego de dormir en carpas húmedas y haber secado las ropas junto al fogón de la batucada nocturna acompañada de café al coñac...Caminamos 4 kilómetros para llegar a la base...Escalar y Rappelar...eso teníamos que hacer.
En ese momento nos encontramos con la gran dificultad de que la pared del cerro era totalmente lisa, lo cual difería de todos los días de entrenamiento ya que en la palestra disponíamos de múltiples tomas de diversas formas y tamaños para poder superar la altura. En el cerro, frente a la pared natural, lisa, sin tomas, pocos recovecos, escasas reusabilidades de avanzar con rapidez. La única alternativa era elaborar la paciencia, la habilidad y aplicar la técnica...Tarea poco fácil.
El primer tramo fue el mas sencillo, ya que la mano del hombre descuidado había hecho su trabajo; el tramo final fue el que me hizo enfrentar con la realidad. Mi temor. Mi orgullo. La vergüenza de verme vencida y de que los demás me vean flaquear.
En ese instante ínfimo de tiempo vino a mi mente una frase que había leído una vez: "Si flaqueas en el día de la adversidad... que poco fuerza tienes"; yo, que no tenia fuerza ni masa muscular suficiente para poder elevarme por mi propio esfuerzo. Yo que me creía totalmente débil ante esa situación...entre en comunión con la naturaleza y dije...Vos y yo somos biología pura...somos dos seres vivientes tratando de interactuar y sabemos que la naturaleza es sabia.
Fue ahí cuando entendí que eramos parte de la naturaleza y que esa masa de piedra y yo podíamos aunar fuerzas para atravesar ese momento. Fueron segundos, pero para mi pareció una eternidad mientras estaba en comunican directa con la roca. Estire un brazo, aplique la técnica, mire la pared lisa, me sujete con una mano por sobre mi cabeza, asegure mi cuerpo contra la pared para no perder el equilibrio y con una palanca de la pierna contraria mi cuerpo se elevo por sobre dos metros en cuestión de milésimas de segundos.
Ese fue el momento en que sentí que el pecho se abrió y el aire de la altura ingreso por mis pulmones, sentí el viento en la cara, hice tope, arrodillada me acomode para pararme. Mire hacia abajo a mis compañeros aplaudir y mire el cielo. Respire profundo nuevamente, y mi cabeza dio un giro de 360 grados y aquellos temores de los que hacia mención desaparecieron, y aprendí que si no lo hubiera logrado también hubiera aprendido a enfrentar mis miedos y prejuicios. El descenso tuvo aun mas adrenalina porque el minuto cero antes de caer al vació rappelando es incomparable, porque sos vos y tu estructura física deslizándose sobre la nada, sintiendo como el aire roza tu ropa, tu cuerpo, rebotando una y otra vez contra la misma pared que te vio nacer como escalador...que te vio madurar y crecer y enfrentarte a vos mismo. Desde ese día supe que nada podría detenerme.
Hoy a casi seis años de aquellos tiempos de aventura, luego de una separación de mi reciente matrimonio, atravezando un tratamiento psiquiàtrico importante, con medicación, aislamiento, fobia, miedo de salir a la calle. Estoy a horas de enfrentarme nuevamente a mis temores. Mañana voy a mudarme a un departamento donde viviré sola durante el resto de algún tiempo, que no se cuanto sera...ni nadie puede saberlo. Estoy desvelada frente a la computadora, tomando un tè de estos que me producen placer en la escritura, y sin embargo siento que estoy poniéndome nuevamente el arnés. Ya se lo que voy a sentir cuando abra la puerta de mi nueva casa, conozco esa adrenalina de lo desconocido, el minuto cero. Y voy a vivirlo con intensidad, con fotos y risas, y euforia y gente querida me va a acompañar. Nuevamente vuelvo a nacer ante mis ojos. Estuve rappelando estos últimos 6 meses de vida, de los cuales desde el 1 de abril comencé el ascenso...Siento que llegue nuevamente a la cima, que el viento sopla mi rostro, que miro hacia abajo y valió el esfuerzo, que escucho aplaudir con alegría y orgullo a mis amigos.
Siento que estoy pisando suelo firme nuevamente aunque muchas veces me temblaron las piernas al subir y dude de poder lograrlo pero aquí estoy. Mirando hacia el cielo, hacia adelante, y a mi lado están todos ustedes. Pero esta vez me siento mas conmigo misma, fuerte y segura. Algo nuevo me espera, voy a dar lo mejor de mi y dejar fluir energía en estado puro.
Estoy acá, mañana estaré allá, en mi Templo, mi morada, mi lugar en esta jungla. Algún día estaré nuevamente en la montaña, quien sabe?
Pero cuando despierte en soledad atravezada en mi cama entre almohadas mullidas y aroma a sahumerios que impregnen mi hogar, voy a respirar profundo, desperezarme y decirme con una sonrisa: "HOY ES EL PRIMER DIA DEL RESTO DE TU VIDA"


MD