A los 6 años aprendimos, con mi hermano mayor, a servirnos la leche desde un termo, y la comida preparada por mamá desde un recipiente hermético. Muchas horas y la necesidad de salir a trabajar generaban la inducción a la prácticidad, en nuestros mayores, y a nosotros menores dar rienda suelta a la comprensión y adaptación. Como el resto de las especies de este planeta.
El paso de los años enseñó como buen maestro, el oficio de hacer solos las tareas del colegio y a ir en busca de ayuda, únicamente, cuando ya escarbáramos todas las alternativas posibles para resolverlo sin nuestros padre o maestros.
He aprendido a ir sola al colegio, a planchar mi uniforme, a despertar con mi propia alarma, porque entendía de la necesidad del descanso de quien se esforzaba a otro nivel por mi aprendizaje. Y cuando se rompía algún eslabón de la cadena de mi bicicleta, mi abuelo se ocupaba. Pero eso me enseño además, que sin la existencia de uno de ellos la cadena no cumpliría ninguna función. Aquello se auto nominaba familia para mi.
Aprendí a ser madre con mis muñecos y tejer sus vestimentas. Conseguir y pedir sin vergüenza alguna ayuda o los elementos necesarios.
De las largas horas de trabajo de mis padres he aprendido a regresar temprano a casa, antes de que el Sol bajase, por seguridad. A organizar mis horas de juego y mis responsabilidades. A ordenar mi cuarto para sorprenderlos, sin tomarlo como un fastidio.
En presencia de mis padres, he vivido situaciones confusas para algunas edades que ya he atravesado; de las cuales he aprendido a ser fuerte, a no callar las injusticias, a luchar por lo correcto y mis ideales. Me enseño a pedir ayuda ante las urgencias, olvidando el orgullo. He construido esta maquinaria calma de caminar un paso a la vez... como una hormiga. A transportar la carga necesaria para no agotarme en el camino. Porque no se trata agotar el total de tus fuerzas y tu espíritu en el primer intento. La vida sólo pide que aprendamos a administrar sus energía, y cuidemos de cada cosa y especie y espacio y comprendamos ese acto. Y con ello... renueves tus fuerzas y tus pensamientos. y emociones.
Esa es mi definición.
Ser independiente, es haber tomado conciencia de que cualquier situación que acontece entre el despertar y apagar la luz, abrir la puerta en la mañana y cerrarla al retirarme a descansar; toda simple y compleja acción dependen de mi persona y mis logros y actitudes y mi fuerza y mi paciencia; de mis momentos de ira y mis eufóricas felicidades. De mi fuego interno en movimiento, de aquella maquinaria que aprendí a arreglar desde niña.
Lograr esa tenacidad y transcurrir en el tiempo con tus ideales y dignidad sentados en cada hombro. Ser fiel a ellos. Ser responsable de tus decisiones. Es justamente eso...
La independencia es tener el orgullo de que la calma de tu espíritu te lo agradece a cada segundo. Desde la puesta del Padre Sol hasta que su Reina Luna le toma la posta. Y si ese estado es digno y conciente y te permite ser mejor cada día contigo mismo y tus pares. La felicidad y el Amor son absolutos.
Experimento, entiendo y acepto que nada ha sido en vano... Y la rueda sigue girando.
El paso de los años enseñó como buen maestro, el oficio de hacer solos las tareas del colegio y a ir en busca de ayuda, únicamente, cuando ya escarbáramos todas las alternativas posibles para resolverlo sin nuestros padre o maestros.
He aprendido a ir sola al colegio, a planchar mi uniforme, a despertar con mi propia alarma, porque entendía de la necesidad del descanso de quien se esforzaba a otro nivel por mi aprendizaje. Y cuando se rompía algún eslabón de la cadena de mi bicicleta, mi abuelo se ocupaba. Pero eso me enseño además, que sin la existencia de uno de ellos la cadena no cumpliría ninguna función. Aquello se auto nominaba familia para mi.
Aprendí a ser madre con mis muñecos y tejer sus vestimentas. Conseguir y pedir sin vergüenza alguna ayuda o los elementos necesarios.
De las largas horas de trabajo de mis padres he aprendido a regresar temprano a casa, antes de que el Sol bajase, por seguridad. A organizar mis horas de juego y mis responsabilidades. A ordenar mi cuarto para sorprenderlos, sin tomarlo como un fastidio.
En presencia de mis padres, he vivido situaciones confusas para algunas edades que ya he atravesado; de las cuales he aprendido a ser fuerte, a no callar las injusticias, a luchar por lo correcto y mis ideales. Me enseño a pedir ayuda ante las urgencias, olvidando el orgullo. He construido esta maquinaria calma de caminar un paso a la vez... como una hormiga. A transportar la carga necesaria para no agotarme en el camino. Porque no se trata agotar el total de tus fuerzas y tu espíritu en el primer intento. La vida sólo pide que aprendamos a administrar sus energía, y cuidemos de cada cosa y especie y espacio y comprendamos ese acto. Y con ello... renueves tus fuerzas y tus pensamientos. y emociones.
Y si hoy me preguntan ¿Qué es la independencia?
Cuando a los 31 años me vi frente a la puerta cerrada de mi departamento de dos ambientes de la calle Superí... hechada en mi blanco sillón, tendida con sahumerios, música, salida recién de un baño caliente, con aromas a cítricos en la piel. Luces tenues de fanales, las facturas de servicios por pagar sobre la mesa, con lo necesario para alimentarme en el heladera, y a mi gusto. Hongos de cualquier origen. Un delicioso vino, obsequiado o elegido por mi; con la basura en el tacho por sacar al deposito. La ropa limpia recién tendida. La habitación ordenada. Mi mesa de luz que confeccione con la caja de la tv y una tela estravagante. Mis libros reposando en el mueble, fotos en el pasillo que acompañaran el transito y mi jabón de glicerina preferido en el baño. Con los prefectos desperfectos de la construcción. La cocina a gusto de su servidora, donde se aloja el individual de tela rustico color maíz, apañando el descanso del salero, pimentero de madera, aceiteros, alguna caja de té y su par de tazas chinas de la abuela sobre ella, quienes aguardan ser conmovidas por místicas hebras de un delicioso té. Fresias que hacen compañía a mi Biblia Cuaderno sobre la mesa del living, junto a un bolígrafo, ardiendo de ansiedad por la inminente visita de una idea que reclame ser tatuada...
Esa es mi definición.
Ser independiente, es haber tomado conciencia de que cualquier situación que acontece entre el despertar y apagar la luz, abrir la puerta en la mañana y cerrarla al retirarme a descansar; toda simple y compleja acción dependen de mi persona y mis logros y actitudes y mi fuerza y mi paciencia; de mis momentos de ira y mis eufóricas felicidades. De mi fuego interno en movimiento, de aquella maquinaria que aprendí a arreglar desde niña.
Lograr esa tenacidad y transcurrir en el tiempo con tus ideales y dignidad sentados en cada hombro. Ser fiel a ellos. Ser responsable de tus decisiones. Es justamente eso...
La independencia es tener el orgullo de que la calma de tu espíritu te lo agradece a cada segundo. Desde la puesta del Padre Sol hasta que su Reina Luna le toma la posta. Y si ese estado es digno y conciente y te permite ser mejor cada día contigo mismo y tus pares. La felicidad y el Amor son absolutos.
Experimento, entiendo y acepto que nada ha sido en vano... Y la rueda sigue girando.
En mi Templo - 16 de junio de 2011
MD
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