lunes, 21 de abril de 2008

Un dia de esos

Toda una vida tratando de comprender el acto heroico de ser madre y esposa. Una vida para comprenderte a la distancia del por qué de tu entereza. Hoy lo se, lo supe al ver la paz de tu rostro en descanso. Con la misma paz que pude besar tu frente y desearte buen viaje. Por alguna ruta te reencuentro abuela. En la simpleza de la vida, tan frágil y tan entera como tu ausencia física enseña. El insolente sol, te despide, y recibo tu silenciosa enseñanza. Como Daniel lo hizo. Como lo hará todo aquel que elija dejar de lado la palabra para dar cátedra de amor, vida y valor, con simples actos.

A mi humilde forma de sentir...Sos mi montaña más grande.
En memoria de aquellos días de la infancia en San Gregorio, aquí va el sonido de tu alma...
MD