martes, 7 de julio de 2009

Still I try

Tengo una fuerte convicción de que todos los días muere una porción de los 21 gramos del peso del alma.
Tengo una fuerte sensación, rosándome la piel, de que es totalmente cierto.
Ya no existe la impotencia de que el resto de las personas no lo perciban, ni tampoco me entrego a la lucha de que aprendan a ver más allá de la superficie. Siento viva la extraña calma que antecede al huracán.
Y en este tramo del camino, ese Huracán, se esta tomando el trabajo de hacer de mi superficie un enorme valle…Como el de mi Cruz del Sur... Cava profundo hasta mis entrañas, para mirar a los ojos a mi esencia. Burlarse de ella tal vez, con su espíritu de lealtad, porque al fin y al cabo tienen muchos encuentros en su haber. Se conocen palmo a palmo. Y ya no tiene rival, ni le doy batalla.
Abro mi caja de recuerdos y dejo soplar al Molino que le da fuerza a mi historia…y me encuentro parada sobre el efímero umbral al que siempre temí enfrentar.
Dije alguna vez que he sido muro, mar calmo, púlpito, brisa, viento, fuego y agua…fluyendo río abajo, en busca del mar abierto.

Cito además:
“Humilde como la grandeza que guardan las montañas.
Bondadosa como la luz del Sol.
Frágil como el sonido del silencio.
Y con la fuerza del viento…”

Hoy todo aquello tomo otra forma. Otro sentido, donde aún abunda la fragilidad, aunque va cubriéndose celosamente de aquella coraza que logro atravesar, con simpleza, en el resto de la gente. En ellos, en mis pares, en vos también. Ese muro que ya no seré, que voy a dejar de sentirlo propio. Alimentando sus raíces por sobre mi piel, por sobre cada celular de mi músculo cardiaco. “El corazón es un músculo, si no late revienta…”, ciertamente. Ese muro que sólo va a saber atravesar quién me regalo paz con su pecho y su abrazo en aquellas noches de tormento…sólo ese ser maravilloso, con su meteórica luz y su cálido corazón… puede ver, leer y trazar la puerta por donde ingresar a quien fui hasta hoy.
Hoy me siento esa persona en quien no desee convertirme jamás. Fría, con sentimiento calculador, con el NO como palabra clave. Con la agenda en la mano, con un numero privado y selecto. Con un corazón secreto, que guarda con mística magia y melancolía… el amor, la devoción, el dolor, el llanto latente de la perdida, la sonrisa, latidos incesantes, la fuerza de la incondicionalidad hacia el ser simple e inocente de quien supo despertarlo a la vida. Sus mejores horas de luz.
Su misma luz. Aquello que lo mantiene al margen del resto de los hombres que NO llegarán a conocerlo jamás. De quién no se atreve a apostar todo por esa enormidad, por este tesoro.
Y el paso siguiente no es más que el que dará el Adiós a ese Meteoro que le atravesó las venas y cambio todo sobre su faz… Y que hizo que la vista en el horizonte se modifique en luz, forma y distancia; volviendo incompleta a su felicidad, para siempre.
Tan inoportuna es mi necesidad de sentirme amada, de pretender ese cuidado y la ternura del saberme acompañada de aquellas manos que secaron mis lágrimas muchos días. Que despertaron a altas horas de la noche. Que prepararon divertidos e inolvidables mimos gastronómicos y horas de brindis, tendidos en la maravillosa compañía de una copa de vino y las luces de la Avenida… Su Cúpula. Ya Nuestra
Implacable es el impacto que resulta de respirar y mirar hacia adentro y no reconocerse. Es cruel saber el motivo. Es doloroso no poder remediarlo. Es terminante resignarse a tomar un camino que no buscaste y donde no te dan chance para cambiar. Y mirar hacia atrás y ver lo mejor de vos… que dejaste tu mejor resplandor… da un eterno frío. Es como echar una piedra a un aljibe y no tener el regocijo de escuchar como resuena el eco cuando llega al fondo. Un camino incierto, un corazón hondo… interminablemente vacío, ausente, resignado… que ya no busca ni espera, que ya no siente ni se lamenta, que ya no ama ni exige. Que ya no extraña, que ya no ríe, que ya no llora, que ya no siente esa fragilidad. Solo late… y late para no morir en la soberbia. Porque si no late… revienta.

Y este es tu sonido Meteoro:
MD

Buenos Aires - 7 de junio de 2009