sábado, 7 de mayo de 2011

At home

Enfrentarse con la muerte y entender que ante este personaje no quedan más chances de acción.

La muerte, el final de la existencia de algo, alguien, un momento. La ruptura de un objeto que da final a su función, aun cuando al unir sus partes pueda utilizarse, pero ha perdido su esencia y ante la ausencia del fenómeno atractivo no visible se desvanece la magia que le dio origen.

Podría decirse que místicamente se repite en las acciones, al comenzar y culminar algo; con las personas, al nacer, al entregarse a la sublime despedida de ese plano común. Con las relaciones humanas… que se siembran en una ilusión, brotan, florecen, crecen y al igual que un vegetal, ante la carencia de cuidados, hidratación, luz, un suelo nutritivo, rico y firme en donde transcurrir, caen en el capricho de la rutina; se quiebra y guarda ese tesoro para su próxima oportunidad… Justo ahí mismo donde se sintió brillar al máximo. Cuando su Sol interno comenzaba a alumbrarlo todo y a aclarar su esencia.

Amar y morir, son dos expresiones del alma que transitan de la mano. Una muere por amor y la otro ama hasta la muerte. Se entregan uno al otro con la promesa de no brindar batalla. No compiten. Es Ley natural que todo lo que nace muere. El amor nace de la muerte de un vacío profundo del alma. En ese momento se gesta la luz y se enciende la mirada. Entonces se ve claramente el camino y se activa un nuevo ciclo de vida.

Cuando nacemos a algo nuevo simultáneamente estamos entregándonos a la muerte de alguna parte de nosotros que ya cumplió su misión. El Universo sabe esperar el momento. Todo lo ordena de manera inteligente y oportunamente.

20 de abril de 2011 – Sanando en la jungla de cemento

MD