sábado, 7 de mayo de 2011

Sobredosis Personal


Estar en soledad es el ejercicio perfecto para reencontrarse con uno mismo. Con aquel niño que alguna vez, y tal vez, abandonamos.

Soltamos su mano y lo dejamos anclado a metas inconclusas, a sueños rotos, a experiencias postergadas por la urgencia del adulto que aparece, de golpe nos tira de la otra mano en dirección opuesta y depositamos toda la confianza en que su sensatez emancipada no va a equivocarse… allí mismo cometemos el primer error. Inconscientemente, consentimos con unos pocos dulces al pequeño y lo dejamos sentado en el extremo de la cama, cada mañana al huir raudos de la casa enfrentando heroicamente al mundo.

La Jungla Siniestra, cada vez más electrificada por la corriente que va en busca de poder, conocimiento, ascensos, aumentos salariales, una carrera que nos disfrace con prestigio... Éxito.

En el afán de obtenerlo “todo”, o al menos algo mejor que “aquel” comienza a desarrollarse la miopía mental que no te permite liberar tus pensamientos. Y te lleva a leer cada mañana el manual común de palabras permitidas para tal fin. Acto seguido, caemos en la ceguera espiritual, el individualismo. Dejamos de lado la cortesía, la cordialidad con el prójimo y la conciencia de que todo es uno y uno es parte de ese todo universal. Organismos vivos en sincronización constante con lo que nos rodea.

Esa estructura que construimos al Ego Monopólico se vuelve tan poderosa, que transitamos olvidando la persona, tras cada paso; dejando satisfecho al prototipo social del hombre exitoso; procurando parecer sin ser pero pertenecer sin llegar siquiera a comprender el motivo real. Es la jungla que te borra la memoria tapando con la maleza cada huella que avanza.

Osamos obsequiarnos todos los permisos. Amigos ficticios o laborales, alguien que sabe definir “que cosa” somos o logramos ser, una pareja a la altura de aquello, los mejores y más superficiales momentos y lugares que pudiéramos conocer.

Confieso que yo viaje en esa ola; y un buen día desperté y entendí que había logrado todo lo que la sociedad esperaba de una mente como la que me habita. Sin embargo, no había logrado aún curar ni un céntimo de mis heridas y pendientes, ni había escuchado una sola palabra de la niña que abandone durante 15 años a los pies de mi cama, más grande o pequeña, la niña permanecía fielmente allí esperando por mí y seguía siendo la misma. Con las mismas carencias, frustraciones y tristezas. Con aquel vacío que nada de lo logrado podría llenarlo alguna vez.

Entendí que había dejado librado al azar el cuidado y el crecimiento de mi ser espiritual, de mi luz interna; que había estado echando agua a baldes a la llama de mi esencia. Y así es como sucede, y se propaga más rápidamente entre aquellos que se unen de forma mancomunada para cumplir con esa Ley Social de vida.

Es necesario transitar caminos paralelos. ”La única Ley es vivir simple y tranquilamente”; construirnos a nosotros mismos. Debimos haber comprado en el primer shopping, y en día de descuentos, un ideal ambicioso e inteligente; pero jamás supimos invertir correctamente y a favor de la Ley natural. Aún no se ha creado una tarjeta de crédito mística y espiritual. Por esta razón, ninguna ostentación puede comprar la esencia de un ser de luz, la calma que palpita en el pecho al aislarse de todo aquello y el ardor de la llama de ese fuego interno, esa luz iluminando el alma; aun cuando a los demás les genere temor el entender de qué se trata.

En contra de la corriente y en el sentido que necesitemos darle, siempre a favor nuestro. Bajo nuestro propio efecto…

Alguien dijo: “Conócete a ti mismo y conquistarás el Universo”.

21 de abril de 2011 – Sanando el stress en los bloques de cemento

MD